Los rasgos de personalidad son todas aquellas características propias del "modo de ser" de una persona, que la hacen única y por lo tanto diferente de todas las demás. Es decir: su forma de pensar y de sentir, el modo como se relaciona con sus seres más cercanos, su estilo de funcionamiento en el trabajo, la forma como se comporta en el ámbito social, la manera en que se percibe y se valora a sí misma y la manera en que percibe y valora a los demás, su modo de enfrentar los problemas y las dificultades, sus deseos y necesidades más profundos, sus temores, sus traumas, sus rencores, sus fortalezas y sus debilidades, sus virtudes y sus defectos, etcétera.
Todos los seres humanos tenemos algunos rasgos que son más saludables y adaptativos, y otros que son más problemáticos o indeseables, ya sea para uno mismo o para los demás. Decimos que alguien tiene un "trastorno de la personalidad" cuando sus rasgos más problemáticos implican un sufrimiento considerable para ella misma o para sus seres cercanos, dificultando su adaptación en el ámbito familiar, sentimental, laboral y/o social, así como la posibilidad de lograr –en definitiva– una mayor realización en la vida.
Algunos ejemplos sencillos de “trastornos de la personalidad” son los siguientes:
- Una persona demasiado tímida, que puede experimentar un sufrimiento considerable al ver restringida su posibilidad de iniciar una relación de pareja o de participar de una sana vida social.
- Una persona demasiado insegura, que puede depender en forma exagerada de las opiniones de sus seres más cercanos a la hora de tomar decisiones, y sentir una constante ansiedad por esa causa.
- Una persona demasiado inestable, que puede sufrir intensos estados de angustia y desánimo cuando se enfrenta a las inevitables dificultades de la vida, pudiendo llegar a pensar incluso en la muerte cada vez que sobreviene una desilusión amorosa, por ejemplo, o un conflicto con el jefe en el trabajo.
- Una persona demasiado explosiva, que puede hacer sufrir mucho a sus seres queridos por todos esos momentos en que no logra controlar su rabia o su enojo, lo cual asimismo puede hacerle sufrir mucho a ella.
- Una persona demasiado ansiosa, la cual muchas veces, a pesar de la aparente normalidad de su comportamiento habitual, es simplemente incapaz de disfrutar de la vida como quisiera, por causa de su permanente estado de tensión y nerviosismo.
- Una persona demasiado necesitada de afecto y estima, que puede estar sintiendo una constante angustia frente a la sola idea de estar sola o de separarse de alguna persona importante para ella.
- Etcétera.
Los “trastornos de la personalidad”, si bien no son enfermedades en el sentido médico del término (sino que son más bien “modos de ser” particularmente problemáticos), pueden mejorar significativamente con un buen tratamiento psicoterapéutico y/o farmacológico (lo cual debe ser evaluado caso a caso).
|